LOS ELEFANTES SON CONTAGIOSOS (2). Objetos animados y animales humanizados

El jueves 13 de noviembre, la Delicias Surrealistas vuelven con el humor negro del surrealismo. El piojo eléctrico no tuvo suficiente dosis de escojono y risotada el jueves anterior, y dice que necesita más chute sátiro-orínico para aguantar el invierno que se acerca.

Os dejamos con el magnífico texto que explica con claridad y concisión en qué consiste el humor surrealista, obra del bloguero de El batiscafo rojo.

LOS ELEFANTES SON CONTAGIOSOS. Surrealismo y humor.

Obra de Mark Fredrickson
Obra de Mark Fredrickson

El humor es una de las herramientas que usa el surrealismo para subvertir la realidad cotidiana. No hay nada que soporte menos la sociedad conservadora que el ataque a los dogmas sociales sobre los que se erige. Y eso siempre lo han tenido presente los surrealistas.

El surrealismo es, en este sentido, heredero de las vanguardias, especialmente de Dadá, y es en este punto antirromántico. El romanticismo cultivó lo grandilocuente y lo melodramático y consideró el humorismo en el arte y la literatura como algo menor, algo frívolo y superficial. El surrealismo revalorizó lo humorístico. De ahí que Breton afirmara que una de las cosas que no perdonaba a Rimbaud era su falta de sentido del humor; Rimbaud, en efecto, aunque anunciara en muchas cosas las vanguardias no dejaba de ser un epígono de la ampulosidad del romanticismo. El surrealismo consideró el humor como algo sublime y lo cultivó con pasión gamberra. Gente como Benjamin Peret, Marcel Duchamp, Man Ray, Gisele Prassinos, Leonora Carrington, Louis Aragon, André Frederique, etc. fueron grandes maestros del humor.

El humor del surrealismo no es cualquier humor. Es un tipo de humor que Breton llamó “humour noir” y que no coincide en su traducción exactamente con lo que se venido llamando en español “humor negro”. El humor negro al que aludía Breton no se refería al humor que expresamente se burla de ciertos tabúes como la muerte sino un humor que nace de lo aleatorio, del azar, de la unión insólita e inédita entre realidades que habitualmente están alejadas unas de otras. Este proceso se produce en un escenario de total libertad en el que toda mordaza moral o racional ha sido pulverizada. Y es ese elemento lúdico e iconoclasta heredado de Dadá y su gusto por reducir la realidad a recortes de papel, meterlos en una bolsa y extraerlos al azar para re-hacer una realidad distinta, es ese elemento, digo, el que habría que añadirle a la expresión española “humor negro” para que alcance su pleno sentido bretoniano o surrealista.

Otro aspecto que se infiere del carácter fortuito y libre del humor surrealista es la exaltación de “lo absurdo”. Esta exaltación de lo absurdo conecta perfectamente con la exploración surrealista de lo irracional y lo inconsciente. Pero también sirve como antídoto contra la estrechez de miras del racionalismo burgués que se ha arrogado la capacidad de decidor sobre qué es de buen gusto y qué no así como contra la esterilidad del arte academicista con su tendencia al inmovilismo de la reglamentación.

Obra de Claude Verlin
Obra de Claude Verlinde

Pero este tipo de humor no es algo nuevo que naciera con Breton y sus teorizaciones artísticas y literarias. Breton se dedicó a recoger textos de diversos autores en diversas lenguas y de diversos siglos (La Antología del humor negro) en los que este humorismo libre e irreverente ha campado por sus fueros. Desde el estrafalario sarcasmo de un Jonathan Swift, hasta la  sacrílega farsa de un Jarry, pasando por la exquisita ironía dandística de un De Quincey. Y aquí habría que mencionar que uno de los precedentes más remotos del humorismo surrealista sin las fatrasies francesas de la Edad Media, unos poemillas que cultivaban el absurdo y el disparate y que a menudo contenían burlas a las autoridades (especialmente al clero) y todo tipo de procacidades, siendo Peret uno de los más influidos por esta vena poética entre los surrealistas franceses. También en esta línea hay que citar las nursery rhymes infantiles en la cultura anglohablante, poemas infantiles en los que el cultivo a ultranza de la rima y la aliteración desemboca en líneas disparatadas y fantásticas. Y aquí habría que recordar que Desnos fue escritor de poemas y cuentos para niños y que buena parte de su obra para adultos tiene una fuerte influencia del cuento infantil tradicional. En concreto cabría citar un célebre poema de Desnos (que fue convertido en canción por Juliette Greco) a una hormiga gigante (“una hormiga de dieciocho metros, con un sombrero en la cabeza, no existe, no existe…”).

Ahora bien ¿cómo crea ese humor libre, aleatorio y disparatado el surrealismo?

a. Unas veces el surrealismo dota de cualidades humanas a objetos, que se mueven e incluso hablan. Pedro Cabrera lo hizo con un albornoz a rayas. O Espinosa con un sombrero abandonado  o un rayo que cae del cielo

b. Otras veces un animal es el que se comporta como una persona. Esto se puede ver en “El tigre mundano” de Jean Ferry o en “La debutante” de Leonora Carrington, donde un tigre y una hiena respectivamente visten e incluso hablan como seres humanos.

c. A veces es una parte del cuerpo humano la que tiene vida independiente. Así en “El enamorado” de Leonora Carrington encontramos que cuando el protagonista del cuento llama a la puerta de una casa… “Finalmente una vieja cabeza se asomó por la ventana y dijo: “No sé nada. Aquí el patrón es el zorro. Déjeme dormir: usted me fastidia.”

d. También lo escatológico contribuye al humor en el surrealismo pero de una manera distinta a como lo hace en el realismo sucio donde deliberadamente se busca escandalizar al lector, algo que es absolutamente cansino y previsible. En el surrealismo lo escatológico irrumpe por sorpresa y su capacidad de iluminar áreas grotescas de la realidad antes nunca vistas es mucho mayor. Por ejemplo, el poema de Aldo pellegrini “La necesidad de la máquina de calcular” acaba: “…y calcular la distancia del hombre implacable / que se incorpora / para vomitar”. La mención del vómito surge aquí por sorpresa y contrasta con el tono grave y sentencioso del poema.

Obra de Slawek Gruca
Obra de Slawek Gruca

e. Imitación del lenguaje infantil también pone una nota de humor tierno en algunos poemas surrealista. Se puede citar como ejemplo el poema de Eluard “La costumbre”, en el que se lee: “Todas mis amiguitas son jibosas/ Ellas aman a su madre / Todos mis animales son obligatorios / tienen patas de mueble / y manos de ventana”. Aquí se pueden apreciar las referencias a los disparatados e imaginativos dibujos infantiles que son la base del juego de imágenes (verbales o pictóricas) de lo que los surrealistas llamaron cadáver exquisito.

f. A veces el humorismo surge de dar la vuelta al lenguaje cotidiano, especialmente en su versión más sentenciosa y moralista, como los refranes. Con ello el surrealismo se ríe del uso conservador al que se somete al lenguaje y reafirma su gusto por lo lúdico y lo aleatorio. Una muestra de ello son los Proverbios modernizados escritos por Paul Eluard y Benjamin Peret, en el que encontramos sentencias tan poco sentenciosas y tan fortuitas como  “Los elefantes son contagiosos” o “rascar a la vecina no da flores en mayo”. Unas veces, la huida de toda moralidad cae en lo hilarantemente tautológico. “A toneles pequeños, toneles pequeños” (Si el lector esperaba una moraleja al final de la frase se habrá quedado con un palmo de narices.) Otras veces el resultado es totalmente sacrílego, transgresor y pulverizador de dogmas: “Hay que pegarle a la madre mientras es joven” o “Piel que se descama va al cielo”.

g. También genera efectos humorísticos (incluso también transgresores en ocasiones) el juego permutativo de palabras.  Buen ejemplo de ello es el poema “Nacimientos” del gran poeta del humor André Frederique :

“Dos hombres del Tíbet y una mujer de religión
dan nacimiento a un niño muerto con marcas de lepra
/…/
Un hombre de carbón y una mujer de rábano
no dan nacimiento a ningún niño
/…/
Un hombre de ley y una mujer que cumple su deber
dan nacimiento a cinco agentes de la policía especial
/…/
Un hombre muerto y una mujer médica
dan nacimiento a una barba o una mandíbula”

Obra de Slawek Gruca
Obra de Slawek Gruca

h. Asimismo el humor surge cuando en el texto surrealista hay una fijación por objetos o seres insignificantes y marginales. Ya en el gran obra precursora del surrealismo, los Cantos de Maldoror,  vemos que Lautreamont no para de hacer referencias a animales repugnantes (piojos, sanguijuelas, sapos, etc.) a lo largo del libro. Marcel Duchamp fue más allá aún y llegó a proponer un transformador destinado a utilizar las pequeñas energías desperdiciadas de realidades tan insignificantemente cotidianas y hasta vulgares como “la exhalación del humor de tabaco / el crecimiento de cabellos, pelos y uñas / la caída de la orina y de los excrementos / … / el desperezarse, el bostezo, el estornudo / el esputo ordinario y el sanguinolento / los vómitos / la eyaculación / … / el ruido al sonarse, el ronquido / … /”.

Para acabar habría que mencionar que algunos de los surrealistas consagraron buena parte, no solo de su obra sino también su vida, al humor. Así Peret escribió buena parte de su obra poética bajo el influjo del humor más sacrílego, especialmente Je ne mange pas de ce pain-la y participó en toda suerte de juegos y happenings callejeros tan provocadores como el consistente en esconderse tras una esquina, esperar a que pase un clérigo y salirle al paso insultándole; paralelamente alguien fotografiaaba el rostro de pánico del cura. O también Marcel Duchamp, quien de hecho se vestía de mujer y se hacía llamar Rrose Selavy. O también Man Ray, creador de artilugios (ready-made) tan poco prácticos como una plancha con clavos, una manera de burlarse del utilitarismo burgués y su proyección en el arte.

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