Los Cantos de Maldoror en Las Delicias Surrealistas del 9 de octubre

“Hay horas en la vida de en que el hombre de la cabellera piojosa lanza, con los ojos fijos, miradas salvajes sobre las membranas verdes del espacio, pues le parece oír ante sí los irónicos abucheos de un fantasma. Mueve y baja la cabeza: lo que ha oído es la voz de la conciencia. Entonces sale de la casa con la velocidad de un loco, toma la primera dirección que se ofrece a su estupor, y devora las llanuras rugosas del campo.”

(Canto Tercero. Cantos de Maldoror. Isidore Ducasse.)

Maldoror 1Isidore Ducasse nació en 1846 en Motevideo, de padres franceses. Hizo estudios secundarios en Francia, en el colegio de Tarbes y en el liceo de Pau; luego marcha a París para preparar el ingreso en la Escuela Politécnica. Bajo el seudónimo de «Conde de Lautréamont» publica, en 1868, una obra en prosa poética, los Cantos de Maldoror, que pasa totalmente inadvertida; después publica bajo el título de Poesías dos fragmentos de prefacio para un «libro futuro» que jamás fue escrito. Muere tuberculoso en 1870. Su obra fue exaltada después de 1920 por los surrealistas; ella figura hoy como una expresión particularmente intensa de la desesperación y del frenesí romántico.

Al comienzo de los Cantos, Maldoror, el héroe, está representado en general bajo una forma humana, débil, angustiada y vulnerable, pero torturada por su lucidez hasta la desesperación, pues se han revelado en él las múltiples formas del sufrimiento impuesto a la humanidad: guerras, incendios, naufragios o enfermedades. A partir de entonces se convierte en un símbolo infernal. Caballero fantasma, visita toda la superficie de la tierra, y reviste las formas más imprevistas: se convierte en pulpo o en águila, grillo de cloaca o cisne negro. Su cólera vengativa se manifiesta por acciones de arrebato o por imprecaciones desmesuradas y violentas. La obra, por otra parte, es extrañamente diversa:  las estrofas líricas alternan con los episodios fantásticos, los períodos oratorios con las imágenes fulgurantes, pero el héroe maldito está presente en todas las páginas para ilustrar la terribles declaración del primer canto: «Yo me sirvo de mi genio para pintar las delicias de la crueldad»

( El siglo XIX. Caster y Surer. )

Más información:

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Scroll to top