VLADIMIR HOLAN O EL DOLOR COMO POESÍA

 

Este jueves, 2 de febrero a las 20:30 en La Delicia de Leer (Juan Agapito y Revilla 10), el piojo eléctrico se expone a cortocircuitarse y estallar sin salvoconducto posible…

Es por Vladimir Holan (Praga, 16 de septiembre de 1905 – 31 de marzo de 1980) y su singular poesía arrebatada de contrariedades y destellos de infortunios.

Tras ser el poeta patriótico y aclamado de la liberación de su país tras la ocupación nazi, el conservadurismo dogmático del comunismo autoritario le acusa de “formalismo decante”. Decide entonces, 1948, encerrarse en su casa de Kampa, en una isla de la vieja Praga, de la que ya no saldrá hasta su muerte. Y en este exilio, escribirá con dolor del dolor, y desgranará desde el dolor una poesía única e insigne. Fue el poeta fantasma de la ciudad de las cien torres, incluso cuando las autoridades le autorizaron a publicar de nuevo en 1963.

Su poesía es temáticamente metafísica (la expresión del ser doliente), pero estilísticamente plagada de rupturas. Desde extensos dramas poéticos hasta breves poemas de alta tensión, desde expresiones coloquiales al servicio de lo paradójico hasta amontonamientos, desconexiones, interrogaciones sin respuestas, bruscas interrupciones y profusión de imágenes… configuran una obra poética en la que lo cotidiano actual y lo trascendente se intercambian y dialogan para el frustrante ejercicio de entrever lo oculto, lo sutil, lo inaprensible de una humanidad desintegrada y de un mundo desfigurado.

 

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UNA NOCHE CON HAMLET (fragmento)

 

La red compositiva apenas capta la ornamentación…
No me es indiferente
ni un solo pasito, ni una sola caída
de una niño en las ortigas… Y si su madre le dice:
Ve a comprar pasas para el guiso,
el se va repitiendo sin cesar: pasas para el guiso, pasas para el guiso,
y acaba susurrando: Mira el Paraíso.
No, no me es indiferente
la caída de un niño… Sin embargo, el mal
sube por la médula de la humanidad, cubierta de gargajos sangrientos
como la escalera de un dentista… Es secular este mal
y fatigoso y cada pisada suya le hace sentir asco,
pero una y otra vez sube hasta el cerebro de la soberbia,
porque después de tantos esfuerzos
de santos y poetas,
después de tanto esfuerzos de santo y poetas para desconectar la corriente –
no cree más que en el instante armónico
en que tendrá lugar el corto-circuito
entre el cielo y el infierno.
Claro… también podemos esperar
a que algo estalle y sobre nosotros descienda el amor…
O quizás la esperanza esté en ser pacientes
y capaces de una larga espera… Imagínate
la estación final de la vida…
Había allí un anciano en pie, acurrucado
como una palabra bajo la lluvia.
≪Yo, dice, estoy aquí esperando a un señor
que me ha prometido una habitación, sin mueble, según dijo,
pero no me importa en absoluto.≫
Llovía. Y la credulidad de aquel anciano
era tan ciega y tan generosa
que le hacía ver un futuro acoger
y sólo los allí presentes comprendían
que alguien le había tomado el pelo
bajo el mezo rilievo de la luna… Ya lo sabe usted, además:
de repente nada, absolutamente nada,
absolutamente nada enfrente,
como el momento en que incluso el futuro
parece estar a nuestras espaldas.
¡El que ama debiera alegrarse!
Sólo que el universo, aunque está terminado -eso dicen-
carece también de límites… De pronto el hombre se entristece
y la mujer siente frío, así que todavía están vivos,
vienen a encontrarse y están agradecidos
por entrever algo de su destino,
aunque sea el camino que conduce con impúdica precisión
al asilo de pobres…

 

(versión de Josef Forbelsky, Una noche con Hamlet. Otros poemas,  Barral 1970)


CUANDO LLUEVE EN DOMINGO Y TÚ ESTÁS SOLO…

 

Cuando llueve en domingo y tú estás solo,
completamente solo,
abierto a todo, pero no llega ni el ladrón
y no llama a la puerta ni el borracho ni el enemigo;
cuando llueve en domingo mientras tú estás abandonado
y no comprendes cómo vivir sin cuerpo
y cómo no vivir puesto que tienes cuerpo;
cuando llueve en domingo y, solo, no eres más que tú,
¡no esperes ni hablar contigo mismo!
Entonces el ángel es el único que sabe
lo que hay encima de él,
entonces el diablo es el único que sabe
lo que hay debajo de él.

El libro sostenido, el poema al caer…

 

(versión de Clara Janés, Dolor, Hiperión 1986)

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Más en:
http://amediavoz.com/holan.htm

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