Un perro andaluz o el surrealismo gamberro

Este jueves 16 de marzo, la onírica neurona – sola y única- del piojo eléctrico nos sugiere los primarios y primeros alucinados señuelos del gran macarra visual que fue el cineasta Luis Buñuel. Con esta gran provocación de 1929 se deleitó su creador y provocó vómitos y defecaciones sin par en los puritanos de la época.

Ahora, a casi un siglo de su realización y proyección, su poder provocador quizás se haya transmutado en energía evocadora, y nos invite -más allá de superficiales y superfluas interpretaciones sicoanalíticas- a desentrañar y reinterpretar lo que es el juego sin tapujos y casi sin reglas, la inmersión en un espacio-tiempo de imágenes que se reflejan a sí mismas, y reiventan un mundo de amor y de muerte, de seducción y de asco, de sumisiones y de inconscientes revueltas…  lo más simple entre humanos es siempre el asesinato.

 

 

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