René Char

René Char, fulgor y misterio

 

Hay quien escribe con su sexo, está quien escribe desde su vientre, alguien le da por palabrear corazones rotos… y de vez en cuando está quien vuelca en signos el aliento del mundo, el fulgor presentido, el misterio inaccesible de la roca ígnea y de las estrellas siempre nocturnas. Así se arma la escritura de René Char (1907-1988): poesía aforística, imaginería en prosa, apertura sin límites al pasado presente y al presente futuro.

“No podría haber poesía o vida sin esperanza – poesía: esperanza extrema; existencia: esperanza relativa –. La poesía es la soledad noble por excelencia, una soledad, en fin, que tiene derecho a confiarse. (…) Parece que la poesía, por los caminos que ella ha seguido, por las pruebas que ha resistido para merecer su nombre de poesía, constituye la posta que permite al ser exhausto y desmoralizado volver a encontrar fuerzas nuevas y razones frescas para perseguir la presa o la sombra una vez más.”

Es esta poesía inquieta y al tiempo contemplativa, cargada de sangre pero también desprendida, la que nos quiere mostrar el piojo eléctrico este jueves 6, a las 20,30 horas en La Delicia de Leer (Juan Agapito y Revilla 10).

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Página blanca

El mármol de los palacios es hoy más duro que el sol
Primera  proposición
La segunda es algo menos estúpida
El ayuno de los vampiros tendrá como consecuencia la sed que alienta la sangre de ser bebida
La sed que tiene la sangre de desposar la forma de los arroyos
La sed que tiene la sangre de brotar en los lugares desiertos
La sed que tiene la sangre del agua fresca del cuchillo
El cuerpo y el alma se reúnen en un abrazo
Tercera proposición ésta de carácter deshonesto
Porque el cuerpo y el alma se comprometen juntos
Porque se sirven de excusa el uno al otro

Ralentur traveaux (“Marcha lenta”, en colaboración con André Breton y Paul Éluard)
Versión de Aldo Pellegrini

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ARGUMENTO

¿Cómo vivir sin enigma frente a sí?
Los hombres de hoy quieren que el poema sea a imagen de su vida, hecha con tan poca consideración, con tan poco espacio y consumida de intolerancia.
Porque ya no les es lícito actuar supremamente, en esta preocupación fatal de destruirse mediante su semejante, porque su inerte riqueza los encadena y frena, los hombres de hoy, con debilitado instinto, conservándose vivos, pierden hasta el polvo de su nombre.
Nacido del llamado del devenir y de la angustia de la retención, elevándose de su pozo de fango y estrellas, el poema, casi silenciosamente, declarará que no era en sí nada que no existiese de  verdad en otra parte, en este rebelde y solitario mundo de las contradicciones.

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La libertad

Vino por esta línea blanca que puede significar la salida del alba
o la palmatoria del crepúsculo.
Pasó los arenales maquinales; pasó las cimas destripadas.
Fin de la renunciación de rostro cobarde, la santidad de la mentira, el alcohol del verdugo.
Su verbo no fue un ciego ariete sino la tela donde se inscribió mi aliento.
Detrás de la ausencia, con pasos que no la extraviaron, cisne sobre la herida, vino por esta línea blanca.

Versión de Jorge Riechmann