ENRIQUE MOLINA, SURREALISTA DE PIEL DE PÁJARO, EN LAS “DELICIAS SURREALISTAS”

El Piojo Eléctrico se complace en anunciar que la próxima “Delicia Surrealista” estará dedicada a la poesía nómada y cósmica del argentino Enrique Molina. El acto tendrá lugar el jueves 11 de junio a las 20.30 en la librería la Delicia de Leer (C/ Juan Agapito y Revilla, 10, Valladolid.)

Molina, que fue marino mercante en su juventud y que vivió en varios países de América Latina, fundó en 1952 junto con Aldo Pellegrini la revista surrealista A partir de cero, si bien nunca fue un militante surrealista en sentido estricto como lo fue Pellegrini. También fue un destacado ilustrador y collagista.

La obra poética de Molina celebra la diversidad y el dinamismo del mundo. El yo del poeta se disuelve en el cosmos y nos lo muestra a vista de pájaro en toda su exuberante multiplicidad. El espíritu abierto y cosmopolita de Molina siempre prefirió como fondo de sus poemas el océano, única patria posible del poeta. Para el viajero Enrique Molina el poema era como una travesía. El uso barroco y alucinógeno de la imagen le acercaba a surrealistas del continente americano como Aimé Césaire, aunque la estructura de sus poemas basada en larguísimas enumeraciones a modo de inventario era algo menos espontánea que la escritura automática propugnada por el surrealismo más ortodoxo. Coetáneo de las poetisas argentinas Olga Orozco y Alejandra Pizanik, también cercanas al surrealismo, Molina es junto con ellas una de las voces poéticas más respetadas del país latinoamericano.

 

molina-collage
Collage de Enrique Molina para La oscuridad 
del sol de Olga Orozco.

Y como muestra de la poética nómada de Molina, el Piojo Eléctrico les ofrece un botón:

CIUDADANÍA Y CALOR

Mi patria es de langostas una oceánica choza entre las islas que no he visto nunca
Un hogar-flagelo espléndido donde cada cosa contiene otra cosa cada mono otro mono cada boca otra boca hasta quedar tan sólo un punto en el horizonte una migaja única del fósforo de los mendigos
Y toda es gente de lazos inaferrables en la tibieza de mano de hierro de su desnudez
Con el presagio de sus lenguas hacia los meandros de algún cuerpo inalcanzable en la corriente
Y cuyas historias sin asilo abren un astro vivo a cada nuevo corazón que invaden
Mientras la espuma avanza y retrocede sobre la playa cubierta de cuernos y valvas regida en su vaivén por el cadáver de un pájaro marino

Mi inhabitable morada querida a la sombra de cálidas axilas para quienes yacen desesperados por sus propios alcoholes de incendiar
Por sus propios labios suplicantes en la viña de los pulpos donde juegan los niños con una luz dulce y cruel
¡Oh bello hogar de perezosas hojas que abanican hasta dejarme ciego!
Los números son pájaros
Y cada amanecer desaparecen las mujeres errantes que sólo se persignan con la señal del deseo y del viento
Las negras peinadoras de la noche donde destilan la fiebre
Las cocineras reales
Y uno puede gustar en sus brebajes un éxtasis de saurio el prodigio de haber nacido al pie de tales dioses de mirada de tierra que cambia y de muslos que se entreabren

La bahía se retuerce como un salmo ante nuestra presencia.

[ También en El batiscafo rojo ]

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