WINÉTT DE ROKHA: ENTRE EL SUEÑO Y LA REVOLUCIÓN

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Apenas conocida en España, donde puede sonar a unos pocos por ser esposa del también poeta chileno Pablo de Rokha, Winétt de Rokha merece ser rescatada del olvido. Pocas figuras de la poesía vanguardista en lengua hispana han alcanzado el grado de sensibilidad ética y estética que alcanzó la chilena. En sus libros, llenos de preciosas imágenes, se conjugan el futurismo, el surrealismo y la poesía social en perfecta armonía y equilibrio. Especialmente notable es su imaginería de corte onírico, que la acercó a la escritura automática de los surrealistas, sobre todo en su magnífico poemario El valle pierde su atmósfera, un prodigio de magia verbal y hermetismo, un experimento radical muy en la línea de El hombre aproximativo de Tzara. Pero Winétt, al igual que su marido, no permaneció ajena a las luchas sociales; ambos fueron destacados militantes de la izquierda chilena y defensores de la causa de la República Española.

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Tampoco hay que olvidar que Winétt de Rokha fue madre de otro grandísimo y también desconocido poeta, Carlos de Rokha, y de una reconocida pintora, Lukó de Rokha. Por otra parte, también fue inspiradora de una sobrecogedora obra elegíaca de Pablo de Rokha El fuego negro, que el poeta chileno escribió tras la muerte prematura de su esposa a causa de un cáncer.

De estos y otros méritos de Winétt de Rokha se hablará este jueves 24 de noviembre a las 20.30 en la librería La delicia de leer, en la calle Juan Agapito y Revilla, 10. Vale la pena saborear esta delicia surrealista.

62551_244Óleo de Lukó de Rokha

El valle pierde su atmósfera (fragmento)

Quebradura mineral de esqueleto con estribo,
sementera oxidada ¡Teotihuacan! y su bálsamo pétreo con cerillas de granito.
Herreros amanecidos y corpiños que se agrupan, fragua-catacumba y locura,
el bermellón y el gualda más directo templando su licor de asamblea.

Catedral imaginaria para el monstruo, champagne, alforjas
titán sorbedor de vapores, s i n fatiga, etapa embrionaria,
cojines altivos para las nuevas rebeliones contrarias.
Sudores de incienso encarnan cizaña y mixtura
y enarcan la anestesia difusa del animal de barro en bungalows.

Perlada es la conciencia del tabernáculo terrestre,
con un esclavo extirpado, decapitado y moneda pueril por ofrenda.

Tubérculo reptante, monaguillo, torrente cirujano, cercena
la abrumadora, inaccesible borrasca de comadre y escoba eufórica.
Espirales de granizo en claro-oscuro de guirnaldas de miel alborotadas
se extasían en el pabellón remoto de los cinco rizos cardinales.
Contemplo el escenario impulsado de fábulas de harina
por el estruendo trepidante de la pólvora verbal de la fortuna.
Entre bruñidas tonalidades escalonadas de malva y heliotropo
murallas y tejados bermejos en sonido y comentario de difuntos,
el bosque preñado que araña y carraspea en augurio
en colaboración con los archipiélagos de castaños que apuntan sombríos los lampadarios.
Les he platicado por acuerdo a las furias aladas del huracán con tenedor
no con la lengua terciada de los cetáceos jorobados de etiqueta y cultura
pero con la lujosa cátedra de mi jardinflor de mujer en todos los pueblos.

 

[También en El Batiscafo Rojo ]

La “poética de andarse por las ramas”. Descubriendo a Marco Antonio Montes de Oca

 

pchapultepecMarco Antonio Montes de Oca (Ciudad de México, 3 de agosto de 1932 – ibídem, 7 de febrero de 2009) fue un poeta y pintor mexicano, autor de una extensa e influyente obra poética. Desde joven empezó a galopar en la poesía, con la espontaneidad como seña. Bebió del surrealismo, y traspasó casi todo los derroteros de la innovación poética surgidos durante la segunda mitad del siglo pasado (concretismo, letrismo, poesía visual). Pero todo ello siempre en el horizonte de crear un universo o muchos universos mediante una exhuberancia de imágenes, que se mueven en círculos, tangentes y líneas paralelas, para de repente entrecuzarse o simplemente separarse. Esta “poética de andarse por las ramas”, en acertada frase dicha por el autor, entabla un permanente diálogo con la belleza como meta. Este mundo aparentemente hermético, pleno de correspondencias libres, ha supuesto que ni la crítica, ni la academia, ni los propios poetas de su generación y de generaciones posteriores, en México y fuera de su país, se hayan hecho a penas eco de la obra intensa, densa y fulgurante de Montes de Oca: su yo poético atraviesa el reino de las metáforas, hasta ser él mismo pura metáfora del mundo.

A propósito de su obra, Montes de Oca dijo:

Lo que quiero es robar imágenes, almacenar mis tesoros de lágrimas con fuego adentro. Lo que quiero son mis metáforas, mis imágenes, mi infinita persecución y búsqueda de una verdad que afortunadamente ignoro y de la cual sólo conozco lo necesario para seguir buscándola.

Este jueves 10 de Noviembre, La Delicia Surrealista tratará de descubir una poesía de la métafora hecha carne, como bien le gusta al piojo eléctrico.  A partir de las 20:30, en La Delicia de Leer (Juan Agapito y Revilla 10).

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UN POEMA EN VEZ DE DORMIR

Otra vez lllamados por las llamas
Nadando en sueños tan anchos como el día
Quienes han entrevisto la belleza
Regresan con cristales viudos
Y se detienen en mitad
Del hoyo de su tumba:
Cuánta precisión
Qué de agua en vilo
Bajo el puente de las cejas
Cuánto río pecho a tierra
Plantíos de estalactitas
Cielos enterrados
Rumores de orillas desmoronadas
Cuando vello y terciopelo
Se erizan de consumo
Y surgen cabezas de alfiler enfosforadas
Puntos de ignición diciéndonos
Con su apaga y prende prende y apaga
Que las estrellas más brillantes
Son las menos irritadas.

(Soy todo lo que miro, 1973)

 

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MISTERIO

El amor la libertad la poesía
Tres caras distintas
Y una sola moneda verdadera.

(Se llama como quieras, 1974)

 

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