EL SURREALISMO EXISTENCIAL DE MIGUEL LABORDETA EN LAS “DELICIAS SURREALISTAS”

 

Miguel Labordeta, hermano mayor del célebre cantautor y político aragonés José Antonio Labordeta, fue un poeta peculiar en el gris panorama cultural de la posguerra española. Influido por el surrealismo de los grandes de la Generación del 27 (con Lorca y su Poeta en Nueva York a la cabeza) Miguel Labordeta intentó mantener viva la rebeldía de las vanguardias bajo el totalitarismo franquista, lo que le costó no pocos encontronazos con los censores del régimen. De hecho, su inclinación por el lenguaje deslumbrante y explosivo  del surrealismo le llevó a acercarse a los postistas, de los cuales Carlos Edmundo de Ory llegó a ser gran amigo suyo. Sin embargo, por su temática su escritura está más próxima a la poesía existencial y desarraigada en boga tras la contienda española. Pesimista, inconformista y crítico con las guerras, animó en Zaragoza, su ciudad natal, la tertulia del Café Niké, donde fundaría la Oficina Poética Internacional, cuyos miembros solían llevar un Carnet de Ciudadano del Mundo en el bolsillo en los tiempos del más rancio patrioterismo franquista. Su obra escrita desde el yo, un yo airado, incómodo y autodestructivo, ha sido incluso comparada con la de los poetas beat del otro lado del océano.

Sea como fuere, y ello a pesar del predominio en las últimas décadas de la poesía intimista y neorromántica escrita desde la primera persona del verbo, Miguel Labordeta no ha conseguido alcanzar el reconocimiento merecido, por lo que el Piojo Eléctrico te invita a una nueva edición de las Delicias Surreaslistas el jueves 16 de febrero a las 20.30 en la librería la Delicia de Leer (c/ Juan Agapito y Revilla, 10) para a ver si de una vez por todas se empieza disipar la nube de olvido que gravita sobre la obra labordetiana. No olvides presentar a la entrada tu Carnet de Ciudadano del Mundo.

 

RETROSPECTIVO INEXISTENTE
(un poema de Miguel Labordeta)

 

Me registro los bolsillos desiertos
para saber dónde fueron aquellos sueños.
Invado las estancias vacías
para recoger mis palabras tan lejanamente idas.
Saqueo aparadores antiguos,
viejos zapatos, amarillentas fotografías tiernas,
estilográficas desusadas y textos desgajados del Bachillerato,
pero nadie me dice quién fui yo.

 

Aquellas canciones que tanto amaba
no me explican dónde fueron mis minutos,
y aunque torturo los espejos
con peinados de quince años,
con miradas podridas de cinco años
o quizá de muerto,
nadie,
nadie me dice dónde estuvo mi voz
ni de qué sirvió mi fuerte sombra mía
esculpida en presurosos desayunos,
en jolgorios de aulas y pelotas de trapo,
mientras los otoños sedimentaban
de pálidas sangres
las bodegas del Ebro.

 

¿En qué escondidos armarios
guardan los subterráneos ángeles
nuestros restos de nieve nocturna atormentada?
¿Por qué vertientes terribles se despeñan
los corazones de los viejos relojes parados?
¿Dónde encontraremos todo aquello
que éramos en las tardes de los sábados,
cuando el violento secreto de la Vida
era tan sólo
una dulce campana enamorada?
Pues yo registro los bolsillos desiertos
y no encuentro ni un solo minuto mío,
ni una sola mirada en los espejos
que me diga quién fui yo.

 

De Violento idílico

VLADIMIR HOLAN O EL DOLOR COMO POESÍA

 

Este jueves, 2 de febrero a las 20:30 en La Delicia de Leer (Juan Agapito y Revilla 10), el piojo eléctrico se expone a cortocircuitarse y estallar sin salvoconducto posible…

Es por Vladimir Holan (Praga, 16 de septiembre de 1905 – 31 de marzo de 1980) y su singular poesía arrebatada de contrariedades y destellos de infortunios.

Tras ser el poeta patriótico y aclamado de la liberación de su país tras la ocupación nazi, el conservadurismo dogmático del comunismo autoritario le acusa de “formalismo decante”. Decide entonces, 1948, encerrarse en su casa de Kampa, en una isla de la vieja Praga, de la que ya no saldrá hasta su muerte. Y en este exilio, escribirá con dolor del dolor, y desgranará desde el dolor una poesía única e insigne. Fue el poeta fantasma de la ciudad de las cien torres, incluso cuando las autoridades le autorizaron a publicar de nuevo en 1963.

Su poesía es temáticamente metafísica (la expresión del ser doliente), pero estilísticamente plagada de rupturas. Desde extensos dramas poéticos hasta breves poemas de alta tensión, desde expresiones coloquiales al servicio de lo paradójico hasta amontonamientos, desconexiones, interrogaciones sin respuestas, bruscas interrupciones y profusión de imágenes… configuran una obra poética en la que lo cotidiano actual y lo trascendente se intercambian y dialogan para el frustrante ejercicio de entrever lo oculto, lo sutil, lo inaprensible de una humanidad desintegrada y de un mundo desfigurado.

 

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UNA NOCHE CON HAMLET (fragmento)

 

La red compositiva apenas capta la ornamentación…
No me es indiferente
ni un solo pasito, ni una sola caída
de una niño en las ortigas… Y si su madre le dice:
Ve a comprar pasas para el guiso,
el se va repitiendo sin cesar: pasas para el guiso, pasas para el guiso,
y acaba susurrando: Mira el Paraíso.
No, no me es indiferente
la caída de un niño… Sin embargo, el mal
sube por la médula de la humanidad, cubierta de gargajos sangrientos
como la escalera de un dentista… Es secular este mal
y fatigoso y cada pisada suya le hace sentir asco,
pero una y otra vez sube hasta el cerebro de la soberbia,
porque después de tantos esfuerzos
de santos y poetas,
después de tanto esfuerzos de santo y poetas para desconectar la corriente –
no cree más que en el instante armónico
en que tendrá lugar el corto-circuito
entre el cielo y el infierno.
Claro… también podemos esperar
a que algo estalle y sobre nosotros descienda el amor…
O quizás la esperanza esté en ser pacientes
y capaces de una larga espera… Imagínate
la estación final de la vida…
Había allí un anciano en pie, acurrucado
como una palabra bajo la lluvia.
≪Yo, dice, estoy aquí esperando a un señor
que me ha prometido una habitación, sin mueble, según dijo,
pero no me importa en absoluto.≫
Llovía. Y la credulidad de aquel anciano
era tan ciega y tan generosa
que le hacía ver un futuro acoger
y sólo los allí presentes comprendían
que alguien le había tomado el pelo
bajo el mezo rilievo de la luna… Ya lo sabe usted, además:
de repente nada, absolutamente nada,
absolutamente nada enfrente,
como el momento en que incluso el futuro
parece estar a nuestras espaldas.
¡El que ama debiera alegrarse!
Sólo que el universo, aunque está terminado -eso dicen-
carece también de límites… De pronto el hombre se entristece
y la mujer siente frío, así que todavía están vivos,
vienen a encontrarse y están agradecidos
por entrever algo de su destino,
aunque sea el camino que conduce con impúdica precisión
al asilo de pobres…

 

(versión de Josef Forbelsky, Una noche con Hamlet. Otros poemas,  Barral 1970)


CUANDO LLUEVE EN DOMINGO Y TÚ ESTÁS SOLO…

 

Cuando llueve en domingo y tú estás solo,
completamente solo,
abierto a todo, pero no llega ni el ladrón
y no llama a la puerta ni el borracho ni el enemigo;
cuando llueve en domingo mientras tú estás abandonado
y no comprendes cómo vivir sin cuerpo
y cómo no vivir puesto que tienes cuerpo;
cuando llueve en domingo y, solo, no eres más que tú,
¡no esperes ni hablar contigo mismo!
Entonces el ángel es el único que sabe
lo que hay encima de él,
entonces el diablo es el único que sabe
lo que hay debajo de él.

El libro sostenido, el poema al caer…

 

(versión de Clara Janés, Dolor, Hiperión 1986)

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